20121130-195206.jpgEn su regreso a la Patagonia las 1000 Millas Sport presentó algunos cambios, quizá por la experiencia vivida de Córdoba, que entendemos fueron muy positivos.

En cuanto al recorrido, la primera y extensa etapa de 11h 30′ y 650km, largando 7:30 am, sólo interrumpidos por el almuerzo en el Regimiento, era un desafío. Muy contraria a la tendencia de los últimos años. Los comentarios recibidos, pero sobre todo la atmósfera vivida luego, dan a entender que fue un acierto.
Cómo puede ser, a la gente le gusta sufrir? Evidentemente primó mas que el agotamiento esa sensación que hace tiempo no se vivía, que tiene mas que ver con la satisfacción por el sólo logro de haber llegado, cuando llegar no es tarea fácil.
Este año las 1000 Millas se brindó mas a la gente del lugar, sobre todo -y no el único – en Villa la Angostura. La cara y la actitud de la gente, que hasta improvisó una fiesta con baile incluido, de propios y turistas al paso lo decían todo. Hubo un cambio notable en la recepción de las autoridades, seguramente luego de lo sufrido, pero también muy distinta fué la actitud del evento hacia la comunidad. No es detalle menor que como se hizo por primera vez el año pasado y se vieron sus frutos – por ejemplo la amplia presencia policial – , haya sido declarada de Interés Turístico Nacional, declaración que no se tramitaba desde hace más de diez años…
Lo deportivo fué de lo más destacado. La estructura de distintas series – y muy variadas y diversas en cuanto a la dificultad – ordenadas por lo distintos controles de sellos que las antecedían – “fluyeron” muy bien. Realmente en cuanto pruebas, hubo de todo, rápidas, lentas, “escondidas”, “torcidas”, “tramposas”, subidas, bajadas, circuitos.
La libertad y tranquilidad que da la ausencia de controles horarios (sólo los sellos regulan el paso con una tolerancia de una hora) hace más relajado y fácil a los participantes, aún cuando queda la sensación que, ante un imprevisto, el desorden producido por el atraso podría llegar a complicar y la pregunta que muchos se hicieron: no es facilitar demasiado la exigencia de los autos más antigüos considerando que el handicap se supone que es una medida para balancear estas exigencias?

135 fueron los autos participantes, un número notable, el mejor de los últimos 5 años. Sobre todo para los tiempos que corren y teniendo en cuenta que son el doble de cualquiera de los otros eventos del calendario. Las 1000 Millas Sport tiene la virtud – y sabe muy bien aprovecharla – que la mitad de sus participantes sólo va a 1000 Millas y a ningún otro evento. Quizá el “respiro” que algunos se tomaron el año pasado fué uno de los motivos, pero otro de los atractivos que contribuye a esto es que se ven grandes autos que solamente se ven ahí.

La hospitalidad es algo que no deja de sorprender, de alguna manera cada vez pasa más desapercibida, porque nada falta, todo lo necesario está resuelto y ante cualquier imprevisto uno levanta la vista y tiene alguna de las chicas a mano que enseguida dan la solución. La organización busca no dejar detalle librado al azar, aunque siempre algo se puede escapar.

Esta fué la XXIVº edición, nacida en una sobremesa de Brescia hace ya por lo menos 25 años por unos trasnochados socios del CAS, con Lory Barra a la cabeza, luego de participar en la Mille Miglia. Las 1000 Millas Sport se ideó a imagen y semejanza de la Mille Miglia y hoy tiene reconocimiento a nivel mundial.
La Mille Miglia es el evento número uno en el mundo de los autos clásicos, es el centro de la actividad donde conviven todos los Museos, lo más grandes coleccionistas con sus mejores autos y la carrera más difícil y prestigiosa que todos quieren ganar.
Este año fué ganada por dos argentinos, además ambos socios del CAS, Claudio Scalise y Daniel Claramunt. Scalise – tres veces ganador de las 1000 Millas Sport –  no teniendo “a mano” un auto para participar “competitivamente” ni para “divertirse” dando la vuelta, dice no haber encontrado incentivo para ir. Claramunt – hijo de uno de los trasnochados de aquella vez – estuvo. Llamó la atención que no se hiciera ni la más mínima mención de este logro, dicho por los mismísimos italianos Mozzi y Biacca al percibir ellos que en cambio fueron destacados en los comunicados de prensa, el locutor de la largada y la premiación como los ganadores de la Mille Miglia hace casi dos años.

El cimbronazo del año pasado que obligó a organizar la carrera en un mes y medio cambiando de destino por otro alternativo y de acuerdo al éxito de todas maneras obtenido se ve que hizo reflexionar a alguno.
Estas 1000 Millas Sport 2012, con todo lo que la Patagonia y el LLao LLao significa, parecen alejarse del “lujo” y el “glamour” – aún conservando la exclusividad, como la Estancia de Lago Escondido-, pero este año han tenido algo mucho más importante: “ESTILO” y ese parecería ser el mejor camino.