Durante 10 años la actividad ha venido evolucionado, notándose un aumento en la cantidad de participantes y una superación cada vez más acelerada del nivel de los mismos. Veamos, en 2004 el piloto número uno era Sanchez Zinny con 4,09 centésimas de media y sólo había 6 pilotos Top (media<6) y 24 pilotos A (media<12); en 2012 es Juan Tonconogy quien encabeza el elenco con 2,12 de media, hay 15 pilotos Top y 27 pilotos A. El promedio se redujo casi a la mitad y los “buenos” aumentaron en cantidad un 50%.

La modalidad introducida por RDLM y adoptada por las demás carreras, con pruebas un poquito más “tirantes” y con cierres “no cantados” inicialmente subieron los promedios, pero los pilotos se adaptaron rápidamente, hoy eso no frena la superación. Las carreras se hicieron mucho más entretenidas y atractivas que sería muy bueno si no pusiera tan de manifiesto un problema que preocupa: el desaliento de los participantes.

Hoy es una actividad -si la queremos así llamar- “deportiva” como cualquier otra donde son cada vez más los aficionados que practican antes de las competencias. No es como antaño.
Pero que pasa al momento de la verdad en la entrega de premios? Los ganadores son siempre los mismos y el entusiasmo generado por la evolución que tuvieron en las prácticas se hace trizas. Esa situación repetida una y otra vez recurrentemente desalienta.

Y porqué sucede esto? Quizás porque “los mismos” no necesariamente han sido los mejores.

–Fangio decía: “no importa que tan rápido sea un corredor, porque para ganar una carrera basta sólo con llegar primero en la última vuelta…” — y es por eso que hace 3 años en Córdoba la última etapa, la que define, no tiene descartes, otra vez algo tan inédito como arriesgado. El final queda abierto para todos hasta el último momento, buscando mantener siempre la esperanza y la ilusión.

Don Segundo, anunciaba su retiro. Luego de tantísimas carreras y tantas victorias, dice que a los “montruos” no les puede pelear, ni cuando se equivocan (porque los errores los perdonan los descartes). Acevedo nada podía hacer, veía como se le escapaba el campeonato, Erejomovich con el Triumph TR3 tenía el éxito asegurado.
Todo predecible y así podríamos seguir porque se aplica a todos los participantes, sobre todo a los que se han iniciado hace poco tiempo. Tomamos estos ejemplos porque se verá con más claridad, luego cada uno se sentirá identificado y reconocerá su propia situación personal. Que poco incentivo si ya sabemos cómo termina la película, no?

Nada de lo predecible sucedió por eso el Pre Mil Millas no fué un rally más.

Sin descartes nadie tiene el puesto asegurado antes de largar, ni antes de finalizar la última prueba. Los que vienen atrás hasta pueden fantasear con cuantos serán los que se equivoquen. Los errores se pagan. Los “de adelante” si se equivocan pueden ser superados por quienes los siguen, si éstos no lo hacen.
Seguirá siendo indispensable tener un nivel superlativo de precisión para obtener un buen puesto en la clasificación?

La sorpresa y alegría de Don Segundo por el merecido segundo puesto contagia.

Acevedo no necesitó batir ningún record ni hacer un promedio estratosférico para ganar la carrera, el sábado le alcanzó con llegar y ser el mejor.